Si me quedé en un principio fue por ti. Sabía de antemano que no me darías mucho a cambio, excepto un dolor de cabeza constante y una sensación curiosa en la barriga cada vez que te veía, y sin embargo no te pedí más.
Pero, ¿ahora? Ahora ya nada me une a este lugar. Los sitios donde había depositado un ancla junto a ti actualmente sueltan sus ataduras de hierro para dejarme marchar, como un animal que es rescatado después de haber caído en una trampa mortal.
Me marcho sin mirar atrás. ¿Para qué hacerlo cuando a lo único a lo que de verdad me había aferrado realmente era a ti? Me desplazo hacia el noroeste con la esperanza de despejar la mente y alejarme todo lo posible de cualquier recuerdo.
¿Piensas en mí? Yo en ti sí, continuamente.
Quizá no nos volvamos a ver en la vida, o tal vez tropiece contigo en un año, una década, quizás mañana... El caso es que tengo la corazonada de que nuestros destinos se cruzarán de nuevo y, cuando ese día llegue, espero que estés preparado para el reencuentro. Yo, en cambio, temo volver a enamorarme de ti con tan sólo una caprichosa mirada de reojo.