sábado, 18 de agosto de 2012

No me hables de enfermedades incurables.

Eres como un cáncer que se extiende y se multiplica bajo mis capas de piel. Carcomes todo a tu alrededor tan dulcemente que haces que cada respiración se torne aún más dolorosa. ¿Cómo echarte de menos si ya te has apoderado de todo mi sistema nervioso, de mis articulaciones, de mi completa musculatura?
¿Existe acaso, cariño, alguna zona de mi ser que no esté infectada por tus palabras y tu roce?
Mi corazón... ese que dicen que es el órgano vital ya no late por mí, late por nosotros, en un intento de mantenernos vivos a los dos pero ambos sabemos que no es tan fuerte.
Desde hace días mis pulmones ya no son lo que eran. Y no es porque estén inundados de dióxido de carbono sino porque cada vez que pienso en ti me falta el aire, ergo me encuentro en un estado de asfixia constantemente.
Mi mente sólo sabe ya proyectar imágenes tuyas, por lo que deduzco que has penetrado en mi cerebro, causándome un terrible dolor de cabeza (aunque créeme que por verte uno se acostumbra al dolor).
Y los médicos dicen que podrían haberte extirpado si te hubiesen encontrado a tiempo: qué insensatez. Extraer algo que forma parte de mí desde hace tanto tiempo sería como autolesionarme. ¿Consigues entender por qué nunca me tomo la medicación? Comentan que me muero. Tarde o temprano todos lo hacemos. Pero amor, yo ya no sé si muero por ti o por tu culpa.



No hay comentarios:

Publicar un comentario