lunes, 12 de noviembre de 2012

Dicen que los opuestos se atraen, pero en realidad siempre buscamos a alguien que nos complete. Necesitamos a esa persona con la que podamos hablar horas y horas con un infinito tema de conversación, la que comparte nuestros gustos musicales o que prefiere el mismo género cinematográfico que nosotros. Esa que coincide en que aquel libro es lo mejor que ha escrito ese autor y que diciembre sería muchísimo mejor si aquí nevara.

Nos enamoramos de nosotros mismos.

Al fin y al cabo es mucho más fácil. O quizás es el punto al que llega nuestro propio egoísmo.
Y es por eso que tal vez duele tanto desprendernos de esa persona: a la vez nos arrancamos a nosotros mismos la parte que ocupaba.

Los opuestos se atraen como imanes con sus respectivos campos magnéticos, positivos y negativos.
Pero aquí no hay positivo ni negativo. Aquí y ahora sólo existe norte o sur. Y aquellos que ya hemos perdido el norte tendemos a buscar a alguien con una demencia parecida.

sábado, 10 de noviembre de 2012

¿Azul o tarta de queso?

Dices que después de tanto tiempo apenas nos conocemos y en parte puede que sea cierto. Las fechas de cumpleaños, los colores favoritos, las comidas preferidas y esos cientos de tópicos que se vinculan a conocer de verdad a tus amigos se me escapan de las manos. Nunca recuerdo el nombre de tus padres, ni cuántos hermanos tenías, ni tampoco sé tu signo del zodiaco o si prefieres la montaña o la playa. Todas esas cuestiones, sacadas de uno de esos típicos test de amistad que puede que te suene, no son ni una pequeña porción de todos los detalles que conozco de ti y que puede que te sorprendas al saber que los recuerdo.

Sé que nunca aprendiste a montar en bicicleta porque tus padres nunca te enseñaron, o que detestas el helado a más no poder. Podría caminar por tu casa con los ojos vendados de todas las veces que he estado allí y sin embargo nunca me acuerdo del botón que tengo que pulsar para que me abras. Sé perfectamente de qué color eran las paredes de tu cuarto antes de que las pintaras, además de la razón por la que las pintaste. Puedo enumerar las enfermedades por las que has pasado. Desde que te conozco, has cambiado más de profesión que yo de peinado. Cuando te lees un libro siempre me haces un resumen de éste para intentar convencerme de que lo lea, aunque ya sepas de antemano que me parecería aburrido. Duermes con la puerta cerrada por miedo de despertarte y encontrar a algo o a alguien allí esperándote. No crees en Dios pero admites la posibilidad de que pueda haber vida más allá de nuestro planeta. Tienes la manía de olerte el pelo cuando no encuentras otro modo de distracción. Cada vez que te emborrachas podrías sentir atracción física hasta por una piedra. Odias el tomate. Eres la persona que más hogares ha tenido en su vida  que conozco. He presenciado algunas de tus caídas más espectaculares y el resto me las has contado y me he reído como si hubiera estado allí mismo. Una vez lanzaste una rebanada de pan por la ventana y rompiste la luna de un coche. Aún nos reímos cada vez que vemos pan de molde. Tienes un tatuaje, pero no descartas la idea de hacerte más. Todavía no tienes claro qué hacer con tu vida. Se te da fatal la geografía. Adoras tocar la guitarra. Cantas terriblemente mal, pero lo haces igualmente. Sirves de inspiración a muchas personas, aunque apenas has creado algo propio.

Son sólo pequeños detalles y algunos muy poco notorios, pero demuestran que sí te conozco sin tener que saber tu segundo nombre o qué talla de pie calzas. Y me alegro de ser lo suficientemente especial como para conocer esa parte de ti y tener la oportunidad de seguir descubriéndote.

PD: Sabría cuál es tu color favorito si no lo cambiaras cada semana. Creo que ésta toca rojo cereza.