Dicen que los opuestos se atraen, pero en realidad siempre buscamos a alguien que nos complete. Necesitamos a esa persona con la que podamos hablar horas y horas con un infinito tema de conversación, la que comparte nuestros gustos musicales o que prefiere el mismo género cinematográfico que nosotros. Esa que coincide en que aquel libro es lo mejor que ha escrito ese autor y que diciembre sería muchísimo mejor si aquí nevara.
Nos enamoramos de nosotros mismos.
Al fin y al cabo es mucho más fácil. O quizás es el punto al que llega nuestro propio egoísmo.
Y es por eso que tal vez duele tanto desprendernos de esa persona: a la vez nos arrancamos a nosotros mismos la parte que ocupaba.
Los opuestos se atraen como imanes con sus respectivos campos magnéticos, positivos y negativos.
Pero aquí no hay positivo ni negativo. Aquí y ahora sólo existe norte o sur. Y aquellos que ya hemos perdido el norte tendemos a buscar a alguien con una demencia parecida.
No hay comentarios:
Publicar un comentario