sábado, 17 de diciembre de 2011

¿Logras sentir el mundo bajo tus pies?

Nunca lloro delante de nadie. La miseria y la tristeza me corroen por dentro y aún así no soy capaz de concebir una lágrima. No me considero alguien desalmado y mucho menos insensible, al contrario, soy más frágil de lo que muchos, incluso yo misma, piensan.
Prefiero llorar en el silencio y la oscuridad para que mi llanto alimente a las sombras, y el único sonido que se escucha no es el de mis sollozos, sino el de la música, mi fiel amiga, la única en la que puedo confiar para observarme mientras se me hinchan los ojos y me falta el aire.
Soy capaz de llorar durante horas, debido a que no lo hago frecuentemente mis sentimientos dan de sí y se mezclan, dando lugar a un enorme río de agua salada.
He visto llorar a mucha gente, unas veces por mi culpa, otras, me dediqué a consolarlos, pero el día que me veas llorar, tienes dos opciones:
Si has sido capaz de provocar o presenciar una situación de tal calibre y tienes intención de arreglarlo, quédate, mantenme en tus brazos, no digas nada.
Si tienes el valor de marcharte, bien, quizá no merezca que llore por ti entonces.

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