martes, 8 de noviembre de 2011

Cóncavo y convexo.

Detesto los espejos. Ninguno refleja la realidad tal y como es, son sólo aproximaciones. Todos mienten. Toman una imagen y la metamorfosean, la deforman a su manera hasta que se refleja una parte distorsionada de la verdad. Te controlan. Te manipulan. Y les encanta.

Entonces, querido, ¿cuándo empezaste tú a ser un espejo?

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