El frío me calaba los huesos y no podía evitar tiritar, pero estaba tan concentrada en capturar ese momento que no le di mucha importancia. Júpiter era el más brillante de todos y gracias a un telescopio pude verlo de cerca, junto con sus satélites. También vi constelaciones, estrellas dobles, una nebulosa y parte de la Vía Láctea. En mi vida había visto algo tan hermoso (a parte de un amanecer). Y puede que fueran esos escasos grados o el hecho de ver algo tan impresionante que me llevó a echaros de menos.
Entonces vi mi primera estrella fugaz y cinco en total al acabar la noche, y a cada una le pedí un deseo semejante: quiero que siempre seáis para mí como aquel cielo increíble y que aunque no os vea sé que estáis ahí constantemente.
Te has convertido en mi guía, en mi propia Estrella Polar.
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