Estaré ahí, porque tú has estado para mí también.
No os conozco desde hace mucho, a algunos más que a otros, incluso puede que redondeando y haciendo una media os encontrara hace así como año y medio. O quizás me encontrasteis vosotros a mí. En cualquier caso, estoy agradecida.
Sabía de sobra que podía contar con vosotros para lo que fuera, pero aquella noche ocurrió algo especial. Sí, aquella noche. Ésa en la que nos quedamos hablando de esto y de lo otro, mientras pasaban las horas inadvertidas y se dibujaban sonrisas en nuestras caras hasta el amanecer. Donde, por fin, nos abrimos por completo hasta ser translúcidos como el agua. Aprendí muchísimo en cuestión de minutos, quizá segundos o puede que días, no sé, perdí la concepción del tiempo después de adentrarnos en la conversación. Y, entonces, ocurrió algo que cambió mi percepción de los hechos. Sentí una cosa que llevaba tiempo esperando, mas nunca había tenido la oportunidad de tener. Allí, los seis sentados tranquilamente, sin preocupaciones ni prisas por que se hiciera de día de nuevo, conectamos. Era algo que no se podía percibir a simple vista, debías formar parte del momento para sentir perfectamente aquella unión. El instante vino además acompañado de seguridad. Estaba segura de que tenía que estar justo en aquel sitio y justo en aquel momento, junto a esas personas. Si mi vida era un puzzle, vosotros erais las piezas que me faltaban, y poco a poco se fueron colocando para formar el rompecabezas.
Me dí cuenta de que era un momento único, así que me aferré a él y a la sensación tan fuertemente, que me pasa igual cada vez que estamos todos juntos otra vez.

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