Hay más probabilidades de que te parta un rayo que de ganar la lotería. Mientras que la probabilidad de que la Tierra sufra el impacto letal de un asteroide en los próximos cien años es de 1 entre 5.000, la probabilidad de morir en esa colisión es de 1 entre 20.000 y la de convertirse en astronauta es de 1 entre 13,2 millones. Contraer el mal de las vacas locas es dos veces más difícil que ser nombrado santo. Es más posible que mueras en un accidente de coche yendo al aeropuerto que tu avión en sí se estrelle.
Todos estos hechos podrían ser coincidencias o simplemente formar parte del destino. Nunca podremos averiguar qué pasará en un futuro. Ni siquiera tenemos la certeza de que amanecerá mañana, pero esta clase de cálculos, llamados probabilidades, nos consuelan afirmando que tiene sentido que mañana salga el sol, como lo ha hecho en los últimos millones de años. Quizá no sean muy exactos, pero al fin y al cabo su función es la de hacernos sentir más seguros.
Sin embargo, si alguien preguntara, las posibilidades de que te quiera más que a nada o nadie en este universo definitivamente son del cien porciento.
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